El Espino Regalón

Ilustración por Paula Araya Muñoz

 

Guardamos muy bien nuestro secreto… hasta aquella tarde. El secreto era nuestro gran tesoro. Mamá siempre se preguntaba qué era lo que hacíamos todos los viernes después de clases, por qué tardábamos tanto en llegar a casa a almorzar. Nosotras inventábamos una que otra cosa y, como siempre salía chistosa, mamá se reía y dejaba de preguntar. ¡Ay, nuestra mami! siempre tan curiosa y nosotras tan buenas para improvisar una que otra cosa, pero era necesario para que resultara el plan.

Comenzamos a hacer pacto con la tierra desde que teníamos cuatro años, tenemos ese recuerdo marcado en nuestra frente con una media luna que solo pueden ver aquellos que tienen el don de ver más allá.

Chakatun-chakatun-chakatan

Te contaremos qué hacíamos… con las espinas del espino nos pinchábamos los dedos y las gotas de sangre que salían las dejábamos caer a la Tierra, “cae, cae, gota gotita, has crecer una plantita”. A medida que fuimos creciendo nos convertimos en espinas y comprendimos que nacimos brujas.

Mañana comienza nuestra estación del año favorita ¡la Primavera!, los espinos están completamente florecidos, “¡amarillo anaranjado el espino se ve embrujado!”, estamos preparadas… ubicadas en la primera línea de fuego… listas para ir a cosechar las flores y ofrendar la sangre de nuestra primera menstruación a nuestro espino regalón.

Esa tarde se nos quedó en casa nuestra capa azul oscura, la que nos permite ser invisibles. Ninguna de las dos se dio cuenta que mamá nos siguió del colegio al bosque. Ella lo observó y escuchó todo. Cuando no pudo más comenzó a gritar y entre llantos nos decía que eso no se hacía, que eran prácticas de Satán.

De pronto, de la tierra salió nuestra abuela muerta. Le dijo a mamá que parara el show y que mejor se uniera a la reunión, que ella se murió siendo bruja. Mamá compartió sus lágrimas con el espino, el sol se alegró y, en cosa de segundos,  recordó que ella también es una bruja.  Finalmente, las tres nos abrazamos.

Nos fuimos de la mano, saltando y cantando. Camino a casa decidimos ir a comprar botellitas de vidrio a la feria del Belloto. Con un billete verde compramos más de 100 botellitas, ¡reciclar es genial!. Estábamos tan entusiasmadas con la cosecha de flores y las botellitas que al llegar a casa comenzamos a preparar la pócima que el espino en sueños nos compartió. Creamos un perfume que ayuda a la gente a recordar que el bosque esclerófilo vive bajo nuestros pies, que si mantenemos la mirada lo podemos ver crecer y por supuesto defender… La loción causó furor… nosotras seguiremos por la eternidad abrazando a las espinas, las flores y los espinos.

“El bosque también eres tu querido amigo”, esa fue la frase que se sacó el espino y nosotras hoy compartimos.

 

Texto: Andrea Caballería Magna

Editora: PazTito

Ilustración: Paula Araya Muñoz

 

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