Buenos días Señor Litre, buenas tardes Señor Quebracho

Ilustración por Da Tàpies

En la zona central de Chile, y desde Coquimbo hasta el Bio-Bio, habita un árbol nativo llamado Litre, este árbol es conocido por provocar una reacción alérgica en algunas personas que entran en contacto con él y además posee una particular tradición dentro del “folklore” de Chile central, mientras tanto al otro lado de la cordillera, especialmente en la zona de Santiago del Estero, existe otro árbol con una historia y características comunes, que ligan ambas tradiciones con ontologías indígenas en que lo humano trasciende la visión moderna y colonial.

Fotografía por Rodrigo Escuti

El Señor Litre

Escribe, referente a esto, Ernesto Wilhelm de Moesbach, estudioso de la etnobotánica mapuche, en su obra Botánica Indígena de Chile de 1850 lo siguiente:

Litre: otra palabra mapuche que llegó a formar parte de la nomenclatura de la botánica universal (Lithrea caustica ( Mol.) H. et A,), arbusto y árbol xerófito del centro y norte. En personas predispuestas produce su contacto, y hasta su sombra, ronchas, hinchazones y erupciones eczemáticas; en otras no causa molestia alguna. Sus frutos abundantísimos, pequeñas drupas negras, son comestibles y sin ningún daño cuando maduras; antiguamente se fabricaba con ellas una chicha fermentada.

En la tradición local que se extiende ampliamente por esta zona del país, tenemos la costumbre de saludar solemnemente a este árbol, con un típico “Buenos días Señor Litre” (o “buenas tardes”, según corresponda), al pasar por el lado de esta particular especie arbórea, para de esta manera no ser flechado por la alergia que produce su cercanía.

Siempre y como es nuestra vocación, buscamos romper con la inocencia folklórica que presenta nuestras tradiciones como catálogos de curiosidades de otras épocas, costumbres prontas a extinguirse por el peso de la modernidad. En este caso específico, quien nos alumbró el camino fue un campesino de la localidad de Machalí, sexta región de Chile, quien nos manifestó qué es lo que dice al respecto una antigua tradición indígena, que persiste en ciertos lugares hasta la actualidad, pero que no ha sido escrita aún y la cual tenemos el honor de transcribir para ustedes:

¿usted sabe porqué se saluda al Litre?

¿usted sabe la verdadera razón por la que hay que saludarlo al pasar por donde él?

Todo el mundo lo saluda pero muy pocos o casi nadie sabe el porqué se hace, yo le voy a contar amigo la historia antigua, la verdadera razón: mucho antes de que llegaran los españoles sucedió que había una guerra muy grande, peleaban indios contra indios y estaba muriendo mucha gente, entonces el dios de los indios se enfureció por lo que estaba pasando, y bajó a poner orden, porque estaban matándose entre hermanos y les mandó un castigo por lo que estaban haciendo; a los indios comunes los convirtió en distintos tipos de matas chicas de malezas, a los indios valientes los convirtió en quiscos y a los principales, a los guerreros mas bravos de todos, a esos los convirtió en litres y como son tan bravos por eso atacan y enronchan la piel de la gente que no sabe. Esa es la verdadera razón del saludo que muy pocos saben, a mi me contó un antiguo muy sabio.

Ilustración por Andrea Ugarte

El Señor Quebracho: su colega guerrero del otro lado de la cordillera

Existe, en ciertos lugares de Argentina, especialmente en la zona de Santiago del Estero, una tradición análoga a la de nuestro Señor Litre. Se trata del Señor Quebracho, un “árbol” muy importante dentro de la tradición, la historia y el folklore trasandino, que tuvimos ocasión de tratar, referido a una problemática arqueológica, en la VII Reunión de Teoría Arqueológica de América del Sur el 2014 en San Felipe de Aconcagua-Chile. Este señor-árbol también produce una flechadura en la piel de los incautos, necesita de un saludo y de todo un protocolo para la curación de su ataque, denominado paaj en la tradición susodicha:

En este orden de ideas, es posible aún observar la intromisión de ritos y ceremonias en la terapéutica, porque persiste el concepto de que la enfermedad es el resultado de la acción o encarnación de espíritus maléficos, contra los cuales valen más los conjuros y exorcismos que la medicina misma. De ello dan cuenta las prácticas realizadas para prevenir “el mal del quebracho”, las que consisten en saludar, sombrero en mano, al árbol que lo produce, o las que efectúan para obtener la curación, mediante la ofrenda que depositan al pie del quebracho, consistente en una tortilla de ceniza que atan al árbol con un hilo rojo…

Di lullo, 1947: 118

La importancia de este Señor figura incluso en canciones del folklore local:

Allá en mi tierra hay un árbol que es orgullo de mi raza, es símbolo de bravura, de fe, de amor y esperanza. Nacido entre remolinos fue creciendo en siestas largas, entre bramido de puma y música de Salamancas.

Fue madurando muy lento entre notas de vidala, entre dichos y leyendas, entre alabanzas paganas. Enraizado en suelo virgen, los vientos lo saludaron y los misterios del monte con el tiempo lo aclamaron.

Quebrachales de mi tierra, fuerza genuina hecha canto en versos de chacarera y repiquetear de malambos. Tienes muy dentro de tu alma la dureza del acero, la simpleza de la lluvia y el cantar de mil jilgueros.

¿Por qué será que el hachero y el quebracho se parecen? Tal vez porque son muy fuertes, muy machos y muy valientes. O quizás porque hay en ellos un potro arisco y salvaje, y silencios, y tristezas de sufrir en soledades.

De pronto un día callaron las cajas y las guitarras, cuando el dolor del tanino todas las hachas mojaba. La tarde se fue muy lenta al ver que tu tallo hería, pero al despuntar el alba, nuevos quebrachos nacían.

Y de aquel callado dolor, resurgió tu esencia pura, que es folklore y algo más, es himno de paz y bravura.

Quebrachales de mi tierra, sangre pura de mi raza, tal vez por eso mi alma, siente pasión por tu estampa.

Héctor Cruz, Recitado de Chacarera Quebrachales

 

Un relato extendido en esa zona explica el origen humano de este guerrero devenido árbol y colega de nuestro Señor Litre, entregándonos sabrosas pistas para entender estas relacionalidades. La leyenda cuenta que en el tiempo del ñaupa, durante un ataque a una tribu indígena local, un joven guerrero hijo del cacique de la comarca, debe asumir la defensa de su grupo durante el imprevisto ataque. Después de dar batalla hasta el final, en un desigual pleito, el joven guerrero logra triunfar quedando muy mal herido, este se sienta apoyado en un árbol-quebracho que tenia un agujero en su corteza, la sangre del guerrero se vierte en el árbol por este agujero y pasa a formar parte de la savia del árbol a la vez que el alma del guerrero va dejando el cuerpo humano y se desplaza al cuerpo árbol.

 

A descolonizar la “historia natural” de la mano de estos señores-árboles

 

Fotografía de litre por Lucia Abello

Considerar a los árboles y otros seres de la “naturaleza” como personas (entidades que interpelan) y con las cuales se establecen relaciones sociales es típico de ontologías indígenas. Lo que occidente denomina como naturaleza, para el ser y estar “incivilizado”, en realidad no se encuentra separado de la comunidad de los humanos. Para el pensamiento originario todo lo que existe en el multiverso, se encuentra en una red de cadenas constituidas por humanos, ancestros y espíritus guardianes o dueños de la “naturaleza”, que trasciende el tiempo, ligándolos al territorio y abarcan todo lo que existe en el seno de la Pachamama.

Es interesante trazar un paralelo, por ejemplo, con el pensamiento amazónico, según lo narra Viveiros de Castro, en que todos los seres que existen son humanos, lo que nos diferencia no es la pertenencia o falta de humanidad (que es algo universal) sino lo externo, el traje biológico, lo que indica si uno es clasificable por el otro como jaguar, planta de Yuca o un miembro de la etnia Yawalaptí.

Es común entre numerosos grupos amazónicos, tanto así como en la tradición mapuche y la tradición andina en general, plantear que ciertos seres de la naturaleza alguna vez fueron humanos y perdieron tal condición en algún evento mítico, producto de lo cual cambiaron su exterioridad para transformarse en ciertas rocas, cerros, animales o plantas desplazando su alma a otros cuerpos. En el caso del conocido relato mapuche sobre el diluvio, cataclismo producido por el enfrentamiento de los dos culebronesCaicai Trentren, en donde algunos humanos que quedaron bajo el agua pervivieron transformándose en peces y/o Sumpall (espíritus dueños y guardianes de las aguas); mientras que otros humanos se salvaron convirtiéndose en determinadas rocas peculiares, transformándose de esa forma en guardianes del lugar en donde se eternizaron, en un proceso de litificación, en el territorio. Mientras tanto en el relato del diluvio que he recogido en las localidades de Pullayes y Diaguitas, en el Valle de Elqui-IV región de Chile, se menciona que los sobrevivientes post-diluvianos perduran transformados en cerros, ciertas rocas peculiares de los cerros y en los Quiscos (cactus nativos) de los cerros, siendo estas tres dimensiones, manifestaciones de los poderes ancestrales de los señores cerros primeros antiguos.

Más que conclusiones teóricas o banales especulaciones mentales, estas historias originarias que intentamos narrar, nos interpelan directamente sobre la humanidad de la naturaleza y el papel que como humanos desempeñamos en la cadena de la vida y de los ancestros. Simplemente nuestra conformidad es que sirvan para la reflexión y prácticas descolonizadoras de quienes se han interesado en ese camino, para de la mano de estos señores- aŕboles, subvertir la pesadilla de la historia natural impuesta que no reconoce en la naturaleza a sí mismo.

Referencias

Marconetto, M.B., G. Gardenal, P. Barría. 2015. Arqueología, piel y quebracho. En: Sentidos indisciplinados. Arqueología, Sentidos y cultura material. J.R. Pellini Comp. Museu de Arqueología de Xingo, Brasil. (Aceptado en Prensa).

Viveiros de Castro, E. 2004 Perspectivismo y multinaturalismo en la América indígena. En: Tierra adentro, territorio indígena y percepción del entorno. A. Surallés y P. García Hierro Eds. Pp. 37–79. Lima: Grupo internacional de trabajos sobre asuntos indígenas.

Wilhelm de Mosbach, E. 1992 (1850). Botánica Indígena de Chile. Editorial Andrés Bello.

 

Texto por Patricio Barría

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