Comida Medicina Vida

Mientras empezamos (una vez más) a naturalizarnos a nosotros mismos – tanto nutricional como medicinalmente- puede que comencemos a descubrir que hay mucho más en una planta que sólo su composición química, mucho más que su lista de fitonutrientes, vitaminas y minerales. Más bien, y más vital para nuestra sanación, tanto como para la continuación de la vida como la conocemos, es nuestra relación con el organismo que produce la comida o medicina. Con la forma-de-vida, el Ser.

DANIEL VITALIS

Nutrición Visionaria. Éste es un sendero de historias que se entrelazan. Una invitación abierta a una relación más profunda con los muchos seres que nos alimentan, sanan y energizan; con todo lo que está vivo a nuestro alrededor y co-crea con nosotros. Éste es un sendero que disuelve la separación. Un sendero de conectividad.

Es fortalecer nuestra toma de partido por la armonía de la humanidad –las bellas canciones que hemos cantado y estamos cantando, nuestros mejores momentos, lo mejor— que se reduce a nuestras necesidades colectivas –comida, medicina, vida— desde donde pueden dibujarse analogías cada vez más amplias, metáforas interrelacionadas y metamorfosis.

Está aquí, todo alrededor. Edén, Paraíso, encuéntralo en una manzana. ¿Tienes demonios? Une fuerzas con una liana. Come basura conjurada y vendida por los más oscuros magos, conviértete en el hombre de malvavisco, tus más enfermas pesadillas. Invita a las fuerzas de la naturaleza, digamos una naranja o un hongo;, y, con la mirada apropiada, crece, cada vez más infundido de las infinitas ecologías de los espíritus eternos.

Lo que la ayahuasca enseña es que ahora mismo, en cada momento, ya vivimos en un bosque mágico

STEVE BEYER

Escarba un poco alrededor y podrás observar que la raíz de nuestra crisis es la extendida ebria ansiedad de la humanidad por la separación; mente/cuerpo, humanidad/naturaleza, comida/medicina, físico/espiritual. Simultáneamente, son estos elementos los que vinculan a nuestra especie, y siempre lo han hecho. Todos participamos, todos danzamos con estos elementos, y son éstos los que, en su totalidad, conforman nuestros mundos. Nosotros creamos mundos, como los mundos nos crean a nosotros.

Pero somos nuevos aquí, a veces geniales, pero finalmente amateurs. Y hemos estado captándolo. Simplemente no podemos creerlo. Pasa en cámara rápida la situación y es como si tan sólo hubiésemos aparecido ayer –instantáneamente— sobre este planeta, en una forma siempre cambiante. Creciendo en tamaño, contemplando nuestras manos, encontrando nuestros pies, frotándonos los ojos, abrumados –inmersos en, rodeados por, y cara a cara con una abrumadora presencia, percibida a veces como amenazante.

Corremos hacia la puerta o alguna salida. Invocamos la separación, como niños cubriéndose los oídos, convencidos de que no está pasando. Corriendo en círculos, haciendo espejismos, persiguiendo dragones, aurobóricamente sorprendidos; sordos, ciegos y torpes por esta vida y la que viene; la realidad y sus alternativas, fantasmas, sueños, filosofías, los poderes establecidos, la vida secreta de las plantas –toda esta furiosa complejidad.

Y sin embargo, ahora parecemos mirar la tormenta a los ojos. Ese vórtice silencioso y rompiente, donde el tiempo está en cuestión y es también esencial. Donde el consenso entre los que se dan cuenta es que de hecho somos uno, somos naturaleza, no hay separación, y todo está cambiando dramáticamente. Ya sea homo nexus, homo luminous, neo aborígenes, o sylvapolitanos –está en juego y la opción es tuya. Fúndete con el Maelstrom, deja que Gaia te absorba. Produce soluciones –disuélvete.

La ficción que sostiene la separación cultura-naturaleza está rápidamente cayendo bajo el peso de su propia inconsistencia. Se está volviendo una obviedad que lo que hacemos a la naturaleza nos lo hacemos a nosotros mismos, que lo que nos hacemos a nosotros mismos se lo hacemos a la naturaleza.

MORGAN BRENT

Todas las plantas son psicoactivas. Todo tiene un espíritu. Puedes aprender mucho de la rúcula –aún más del cacao o de un anciano como el maíz. Lo que ponemos dentro nuestro nos transforma. Comer y beber es una comunicación íntima, una diaria comunión, incluso telepatía, casi siempre en una dirección, donde una planta invitada al cuerpo humano como comida o medicina puede “ver lo que significas”. Para ella nada está oculto, y sabe qué es qué, así que provee ciertas respuestas en forma de nutrición –que significa literalmente, hacer crecer, criar, amamantar, apoyar, alentar, preservar.

Ya sea comida o información, nos convertimos en lo que consumimos, y nos producimos de adentro hacia fuera. Cuando bebemos y comemos practicamos relaciones con diferentes fuerzas, con espíritus y sensibilidades. Somos lo que comemos, y lo que comemos lleva la batuta.

Plantas, hongos y bacterias son especialmente aptas para pilotar humanos. Michael Polan, por ejemplo, explora esto extensivamente en su trabajo, planteando la pregunta: ¿Y si somos todos tan sólo peones en la astuta estrategia del maíz para gobernar la Tierra? Más aún, Polan sugiere, en su charla “Desde el punto de vista de las Plantas” que “mirar el mundo desde el punto de vista de otra especie es una cura para la enfermedad de la auto-importancia humana”.

Si las plantas –específicamente las Plantas Maestras— comunican algo, es que ellas tienen la mano aventajada; la rama aventajada, si se quiere. Pueden tirarte para abajo, limpiarte, enviarte al espacio, arrojarte a nuevos rumbos, hacerte cambiar tus hábitos, susurrarte consejos, mantenerte abrigado, seco, refugiado, vivo y, en algunos casos, incluso matarte.

Esencialmente, las plantas pueden hacer lo que quieran con los humanos, y casi con total impunidad. El “veredicto final” de nuestra especie es el concepto de la muerte. Pero para una planta la muerte es irrisoria. Un sentimiento reforzado en un reciente artículo de la revista New York Times que describe cómo las plantas se apoderaron del Noveno Distrito Bajo de Nueva Orleans, donde “Por seis años y medio el barrio ha atravesado una colonización invertida; la naturaleza reclamando la civilización”.

¿Alguna vez has visto a las plantas suceder? Las plantas y e tiempo de las plantas son como los círculos de cultivo (los cuales, por supuesto, están hechos en su mayor parte de plantas). Magicamente aparecen, dejan huellas, pistas, frutas, mensajes. En la nueva jungla de Nueva Orleans, tras el clima de caos y noticieros incesantes, automóviles quemados y cadáveres son consumidos por la densa hierba.

Toma partido por las plantas, aprende de las plantas, conviértete en plantas –que tu comida sea tu medicina, que tu medicina sea tu comida— y comienza a sintetizar dimensiones completamente distintas de tiempo, tecnología, comunicación y potencial.

Para poder vivir una vida mágica, tienes que comer comida mágica.

DAVID WOLFE

Hace varios años, durante una dieta con ayahuasca, las plantas me sugirieron que “la ayahuasca iría mejor con alimentación cruda”. Las plantas, me he dado cuenta, a menudo hablan en los términos de nuestra propia percepción presente, con símbolos que varían a medida que los sigues, conversaciones para discernir y descifrar. Con esto en mente me lancé a explorar una dieta de alimentos crudos, con los ojos agudizados y una saludable aversión a dogmas y definiciones. Sin embargo, el corazón de este consejo de las plantas era claro: la ayahuasca, una vez bebida, prefiere vivir, y trabaja mejor, con cuerpos limpios.

Aunque para mí comer crudo fue un largo camino, eventualmente me involucré en la dieta cruda/alimentación viva como una especie de versión invertida de la Dieta de Plantas. Como algo que podía practicar diariamente, una forma de aprender y construir una relación con numerosas plantas “comunes” como las coles, betarragas, chía, arándanos, tomates, peras, por ejemplo. Pensé que estaba, o había estado, convirtiéndome a mí mismo en una especie de jardín, en el cual la ayahuasca cava profundamente, purgando basura, transformando pensamientos, compostándome, creando suelo desde sueños, volviendo el estómago una matriz, alentando condiciones apropiadas, fértiles, para así poder enraizarme, brotar y florecer.

Las dietas crudas, vivas, toman tantas formas como personas las siguen. Desde una perspectiva, es una clase de arte vegetal. Esculturas vivas de vibrantes seres humanos, basadas en plantas comestibles que a su vez te esculpen. Esencialmente, en su base, es un proceso de sanación y fortalecimiento. Significativamente, es una limpieza, de cuerpo, de mente, y por extensión del ambiente.

Desde otra dirección, quizás una reflexión más “elevada”, en cierto sentido, la Madre de las dietas vivas puede encontrarse en la tradición chamánica de las Dietas de Plantas. Comúnmente referidas como, y a menudo confundidas con “la dieta de la ayahuasca”. Las Dietas de Plantas son, en términos muy generales, una disciplina y proceso de limpieza, purga, sanación, aprendizaje y construcción de una relación apropiada. Durante una Dieta de Plantas uno es aislado y come muy poco y/o muy simplemente para poder descartar distracciones, sensibilizarse a las sutilezas del mundo de los espíritus; para así volverse transparente, lúcido y enfocarse en y con él. Una relación maestro-aprendiz emerge a medida que uno se sienta con una planta, bebiéndola exclusivamente por un periodo de tiempo.

Trabajando segura y respetuosamente con ayahuasca y otras Plantas Maestras, junto a alimentos crudos y otras variedades de plantas, “asistentes del maestro”, uno es obsequiado con muchos beneficios físicos y espirituales. Mi experiencia ha sido que las plantas guían, y continúan enseñando vías de escape de las junglas de concreto, las ideologías cerradas, la salud desmoronada, volviendo y manteniendo la mirada y el compromiso hacia iniciativas que se abren a desarrollos vitales –alimentos salvajes, agua viva, permacultura, jardines de bosques, hongos medicinales, culturas indígenas, medicina natural, sinestesia…

Quizás, más importante, el proceso ha abierto, y continua expandiendo, una cierta permeabilidad, senderos y puentes entre el suelo común y el cielo, entre el día a día y las noches ceremoniales.

Pienso que una vez que alguien es consciente de la vida presente en todo, pueden empezar a acceder al espíritu de todo. Y una vez que puedes hacer eso, puedes interactuar con esos espíritus. Estoy hablando del espíritu del arroyo, de los ladrillos en tu casa, de los cientos de espíritus merodeando en tu cocina.

El universo está lleno lleno lleno de vida y fuerza vital. El rol en el conocimiento chamánico para nosotros occidentales presentados a esos espíritus, es el de esparcirlo, hacer la comunicación más fácil. Y si podemos hacer eso –una gran tarea, sin duda— entonces la forma en que la gente interactúa con el mundo y los espíritus del mundo y el universo cambiará, automáticamente, de una de dominación a una de cooperación. Y cuando nosotros, la humanidad, empecemos a interactuar con el mundo, en vez de tratar de dominarlo, bueno, entonces pienso, la humanidad estará mucho mejor. Al mundo y sus espíritus no les importa realmente si lo hacemos, en su mayor parte. Los árboles estarán aquí mucho después de que ya no estemos, así también las piedras y rocas y nubes y la luna.

Así que en verdad depende de nosotros involucrarnos si queremos hacer amistad con esos espíritus.

Y hasta ahora, la mayoría de nosotros a través de la corta historia de la humanidad en este planeta, no ha realizado ese esfuerzo. Con lo cual nos hemos perdido tanto de lo que podríamos haber aprendido. Quién sabe que nos hemos perdido simplemente por no preguntarle a una planta que beneficio podría tener para la humanidad, en vez de decir: árbol, córtenlo y quémenlo para el fuego.

Creo que el universo tiene todos los secretos del universo. Y nuestra arrogancia en tratar continuamente de conquistar el universo, en vez de comunicarnos con él, nos ha impedido ser aprendices de esos secretos. ¡Y cuán deliciosos podrían ser!

PETER GORMAN

Texto: Morgan Maher
Traducción: Juan Hong Meng
Ilustración: Ocvlta

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