Parque Natural Gomez Carreño

Fotografía por Mathew Riegel

Cuando llegaron por primera vez los españoles a esta región, entre muchas otras muestras de abundancia y diversidad, encontraron bosques de lúcumos. Imagínalo: hasta donde llega la vista, árboles y más árboles cargados de lúcumas, una fruta que hoy en día apenas encuentras en el mercado. Un producto de exportación, escaso y caro, que los fanáticos de la nutrición han clasificado como un “superalimento”. ¿Qué fue lo que hicieron los españoles ante este panorama? Sacar sus hachas, levantar sus fuertes y casas con la madera. Las gentes que vivían en estas tierras nunca habían usado los bosques de lúcumo para hacer sus casas. La fruta era una delicia; y el barro, la piedra y la paja eran mejores materiales de construcción.

Adelantemos en cámara rápida unos 400 años, hasta nuestros días, y lo que vemos son apenas unos cuantos mantos verdes esparcidos entre la tierra abierta donde sobreviven aún la flora y fauna nativa. El bosque de La Campana. Ciertos acantilados en Laguna Verde, parte del Cerro O ́Higgins, alguno humedales repartidos por la costa, por contar algunos. En Pichidangui, aún resiste el último de los bosques de lúcumo.

La amenaza inminente de la expansión urbana ilimitada pende sobre la mayoría de ellos. Esta vez son los edificios, los grandes edificios, símbolos de la modernidad urbana y su uniformidad, los que se quiere tomen el lugar de la diversidad de las formas de vida. Antes conocido como Hacienda Santa Julia o Poza de la Virgen, uno de estos oasis se encuentra en pleno Viña del Mar. En octubre de 2012 un grupo de vecinos se organizó en el Comité Ecológico Parque Natural Gómez Carreño, rebautizando el lugar, para protegerlo de la ofensiva inmobiliaria con las credenciales legales de una organización civil. Se reúnen semanalmente a discutir sus propuestas e iniciativas. Junto a la Universidad de Valparaíso, el Museo de Historia Natural de San Antonio y el Jardín Botánico de Viña del Mar han realizado catastros de flora y fauna: encontrando más de cincuenta especies de aves; mamíferos en peligro de extinción como el quique y el zorro chilla; y una gran variedad de flora nativa, destacando el hallazgo de más de ciento cincuenta bellotos del norte, árbol considerado un fósil viviente. Gracias a esto postulan a catalogar el Parque bajo la figura de protección legal de “Santuario de la Naturaleza”.

Fotografía por Carlos Sanchez Bernal

Fotografía por Carlos Sanchez Bernal

Fotografía por por Carlos Sanchez Bernal

Fotografía por Carlos Sanchez Bernal

Sin embargo, a pesar de todo el ajetreo legal y las campañas de visibilización del lugar, su biodiversidad y problemática, probablemente nunca hayas oído hablar de él. Es que en el fondo de la quebrada reina el silencio; el silencio y las aguas cantarinas. En un momento estás en medio de la ciudad y su bullicio; y al siguiente, luego de bajar por un camino de tierra, casi un pasaje secreto entre los árboles, estás en una poza donde corre agua transparente, rodeado de árboles y cerros. Sólo el agua silba su presencia.

Supimos del lugar a través del perfil de Facebook del Comité Ecológico. Ya habíamos establecido el contacto antes de visitarlo. Pero el lugar ha sido visitado desde los inicios de la Población Gómez Carreño, a mediados de los años 60. Es común escuchar historias de los abuelos de la población; de cuando iban a pasear, a hacer picnic o a bañarse en las pozas. Las coordenadas iban de boca en boca, de oído en oído, como el fluir del estero. Existía una mayor conexión con el entorno, se escuchaba. Pero, a pesar de todo el ruido de la posmodernidad, aún hay vecinos que escuchan el llamado de las aguas del fondo de la quebrada, y se acercan a conectarse con la fuente de toda nuestra vida. Y no sólo vecinos de Gómez Carreño, cada vez llegan más vecinos de otros sectores de la Región de Valparaíso e incluso de otras regiones.

Fotografía por por Makarena Riffo

Fotografía por Makarena Riffo

Fotografía por Carlos Sanchez Bernal

Fotografía por Carlos Sanchez Bernal

Entras pasando entre los blocks rojos de un condominio en Gómez Carreño como cualquier otro. Cuando cruzas los blocks tienes los cerros y quebradas al frente. Bajas por un sendero de tierra rodeado de especies propias de los bosques esclerófilos de esta zona. Si pones atención podrás presenciar la recepción que los pájaros despliegan ante quienes entran al lugar. Mientras vas bajando, la aridez va empezando a quedar atrás junto al cemento, los habitantes empiezan a aparecer más numerosos: boldos, litres, molles, bellotos, peumos, tordos, tórtolas, loicas, colibríes, jilgueros, tiuques…

Si pones atención, podrás ver cuándo el Tucúquere, el búho nativo que reside aquí y sobrevuela todo como el guardián del lugar, pase a echarte una mirada. Así bajas, acercándote más al agua, a la diversidad de verdes. Hasta que de pronto, el camino se abre a un oasis. Si miras alrededor en este punto, ya no puedes ver ningún vestigio de la ciudad. Como si estuvieras en Colliguay o en cualquier valle, y no en medio de Viña del Mar.

Fotografía por Mathew Riegel

Fotografía por Mathew Riegel

La primera vez que visitamos El Parque, llegamos a la Poza El Muro guiados por un lugareño. Un albañil de Gómez Carreño que pasa los fines de semana recorriendo con su perra los cerros y sus quebradas, disfrutando del reinado del silencio, recuperándose del alboroto de la semana laboral. Él nos enseñó los senderos por donde la zorra chilla circula al atardecer junto a sus dos crías. Y, aunque el hombre no usa internet, nos instó a comunicarnos a través de la red con los vecinos del Comité Ecológico Parque Natural Gómez Carreño y a ayudarlos en sus campañas de protección y difusión; para que momentos como aquél, en que dos o más humanos nos encontramos en medio de la naturaleza y su silencio, sin otra señalética que los nombres comunes de los árboles que nos rodean en nuestro recuerdo -mucho menos una salida de emergencia, no se pierdan.

El muro, por el cual los lugareños apodan a la primera poza con que se cruza el sendero, fue construido como represa para frenar el torrente de agua hacia Reñaca, donde toma el nombre de Estero de Reñaca. Pero al espíritu del agua torrentosa no le gusta ser domado.

Fotografía por por Francisco Gonzalez

Fotografía por Francisco Gonzalez

Durante cinco días lluvias borrascosas, junto a un temporal que elevó las olas del mar sobre los cinco metros, azotaron la zona, hasta que, el 4 de julio de 1984, la represa se derrumbó y un aluvión arrasó con Reñaca. 20 mil toneladas de barro, piedras, desechos y escombros se precipitaron desde las quebradas. Diez personas murieron, 50 casas quedaron totalmente destruidas, 14 autos fueron engullidos por el lodazal y un cuartel completo de bomberos desapareció bajo el agua que inundó varias cuadras.

Hoy, un sauce baña con tranquilidad sus rojas raíces y sus verdes hojas en la Poza El Muro, y a su alrededor descansan enormes trozos de granito caídos con el derrumbe.

El agua brota desde el Cerro La Cumbre, entre Reñaca y Quilpué, y corre hasta aquí, y aunque atraviesa en el camino una fábrica de Ambrosoli, corre fresca y cristalina. Agua limpia corriendo en medio de la ciudad. Aunque a veces se enturbia, cuando se rebalsan los ductos de ESVAL o, tal vez, Ambrosoli descarga sus deshechos. Nuevamente: cuando los españoles llegaron primeramente a estas tierras cualquiera podía beber agua de cualquiera de los ríos de Alaska a Tierra del Fuego sin temor a envenenarse.

Siguiendo el cauce del riachuelo, quebrada arriba, se encuentran más y más pequeñas pozas y caídas de agua. Entre ellas la Poza de la Virgen, cuyo nombre apenas deja adivinar el sentido sagrado, las epifanías que uno puede sentir al bañarse en sus aguas rodeadas de flores.

Fotografía por por Mathew Riegel

Fotografía por Mathew Riegel

Se han contado más de 265 especies en el Parque. Un zorro espía a las niñas mientras se bañan en las pozas. Te encuentras de pronto con una comunidad de carpinteros que no paran de picotear. Un peuco nos despierta con sus graznidos luego de una noche a la intemperie al borde del estero. Una culebra da la bienvenida a una amiga que llega. Cururos, degús, tal vez yacas ¿Cuántas especies puedes contar en tu entorno diario? Olvídalo, contar seres vivos trae mala suerte, así lo creen muchos de los pueblos que aún viven vinculados a la Tierra, sus seres y poderes. Y puede que tengan razón. Puede que de tanto calcular y especular perdamos la fortuna de compartir la Tierra con todos los seres mágicos que la pueblan. De tanto planificar terminamos aplanando las múltiples dimensiones del encuentro entre formas de vida sobre la Tierra.

Fotografía por por Makarena Riffo

Fotografía por Makarena Riffo

 

La expansión urbana es como una clase de desierto, el avance del cemento devastando toda diversidad; una especie humana sobre todas las demás, y todos los humanos con una misma forma de vida uniforme. Apenas los sobrevivientes, siempre en resistencia, que han aprendido a moverse en el ambiente urbano: ratas, palomas, perros, gatos, chincoles, dientes de león y otras malezas.

Y así, también en este lugar, el último oasis dentro de la ciudad, quieren construir más edificios, y por supuesto, una carretera. Aunque no es oficialmente un Parque Natural tiene todas las características propias de un Santuario de la Naturaleza. La flora y la fauna de los bosques esclerófilos sólo se encuentran en cuatro lugares del mundo, entre ellos Chile, y aquí peligran ser exterminados en beneficio de las inmobiliarias.

Los vecinos del Comité Ecológico Parque Natural Gómez Carreño afirman que “los planes reguladores regionales y comunales son herramientas de planificación urbana que no contemplan la participación vinculante de los habitantes en su diseño y toma de decisiones”. Y que “el impacto ambiental y social que provocará la construcción de viviendas y edificios en la Cuenca del Estero de Reñaca generará un daño al ecosistema de un sector de la Ciudad Jardín que por sus densidad de flora y fauna autóctona se encuentra en categoría para ser considerado Santuario de la Naturaleza”. Señalan así como principales enemigos de la diversidad que florece en esta cuenca a los planes reguladores, PREMVAL y Plan Regulador Comunal, y, obviamente, a las inmobiliarias.

Los años anteriores a la formación del Comité Ecológico habían alrededor de dos incendios pequeños por año; tras su formación y movilización por la defensa de este territorio se registraron 25 incendios en menos de dos años, la mayoría durante el año 2013. El Comité sospecha de y acusa a las inmobiliarias, y es que precisamente la mayoría de los incendios se desarrollan en los terrenos reclamados por ellas. Quemando y arrasando la diversidad, luego los vecinos y el Comité no tendrían ya qué defender.

Fotografía por Carlos Sanchez Bernal

Fotografía por Carlos Sanchez Bernal

En conversación con el Gobierno Regional, específicamente con el Comité del Plan Regional de Ordenamiento Territorial, el Comité Ecológico Parque Natural Gómez Carreño ha logrado dentro del PREMVAL incrementar en cien metros las áreas verdes a cada lado del estero y la protección de tres quebradas con dirección a Gómez Carreño. Un logro para la organización, pero poco para lo que se considera Parque. Son 536 hectáreas de expansión urbana, incluyendo la construcción de carreteras con conexión hacia Reñaca y Concón. Quedaría así apenas un pequeño reducto rodeado de automóviles y edificios. Pero el Comité sigue trabajando para aumentar el área protegida. La invitación a los vecinos de Gómez Carreño es a formar parte del Comité Ecológico y/o colaborar con éste. Para los visitantes de otros sectores y otras regiones el llamado es a seguir el ejemplo y comprometerse en la defensa de sus territorios biodiversos.

Bajar una tarde, o quedarse un par de días en el Parque, resulta como encontrar un oasis en la agitada monotonía de las rutinas urbanas, fuera del apuro y la ansiedad, el ruido y el ajetreo; como recordar algo que apenas alcanzamos a recordar. Dejar de correr un rato, bajarse de la micro, salir de la casa y recordar que habitamos un planeta lleno de vida. Pasar la tarde en el Parque para salir un poco de la mirada inquisidora del reloj; y tomarse el tiempo, darse el espacio, para disfrutar un día al aire libre, bañarse en la poza, conocer estas tierras.

Si pones atención, quizás puedas ver un cururo, un degú, un aguilucho. Y, con otro poco de atención y fortuna, quizá puedas recordar el origen de nuestra propia humanidad.

Fotografía por por Makarena Riffo

Fotografía por Makarena Riffo

Los españoles llegados a esta zona barrieron con los bosques de lúcumos para construir sus casas. Y los viñamarinos quieren acabar con sus últimos bosques esclerófilos para construir edificios. La intención es una y la misma. Acabar con la multiplicidad viva que nos rodea para recluirse, encerrarse en el domo: domesticarse. Pero más allá de todas las ilusiones de la casa propia y del progreso, nuestro verdadero hogar es la Tierra y no hay evolución ni vida auténtica posible que no sea coevolución y comunicación con todo el resto de especies con las que compartimos el aliento, formando así nuestra atmósfera: nuestro domo celeste.

Sin otro abrigo que el cielo, una noche de luna negra al borde del estero, Ay, la intemperie es paraíso suficiente, dice el verso de Omar Khayyám.

Fuentes:
http://www.ucvradio.cl/bsite/2014/01/09/comite-ecologico-de-gomez-carreno-denuncia-25-incen-
dios-intencionales-y-presion-inmobiliaria-para-el-sector/
http://prontus.mediosregionales.cl/reportajesvalpo/site/artic/20070720/pags/20070720130603.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Parque_Natural_G%C3%B3mez_Carre%C3%B1o

Fotografía por Makarena Riffo

Fotografía por Makarena Riffo

Galería fotográfica de Mathew Riegel:

Galería fotográfica de Makarena Riffo:

Reportaje en ISSUU:

Texto: Juan Verde, Shihâb Alen y Juanito Teno. Fotografías: Mathew Riegel, Carlos Sanchez Bernal, Makarena Riffo y Francisco Gonzalez. Diseño: Navaja.

 

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